jueves, 19 de marzo de 2015

Happy Childhood ♥ Nursery Deco.

 
No es la primera vez que escucho, por desgracia, multitud de historias en las que el protagonista es un niño que no ha tenido una infancia como realmente se merecía. Es muy triste. Dicen los expertos que los tres primeros meses de vida de un bebé marcan lo que será nuestra vida futura. A esto me permito hacer alguna reserva puesto que influyen otros muchos aspectos como la educación, el entorno, las compañías, etc. No obstante es cierto que la mayoría de personas con algún tipo de problema en cuanto a relaciones interpersonales o incluso intrapersonales suelen presentar algún desajuste en esta etapa de su vida. La cual, amigos míos, está sólo y exclusivamente, en manos de su familia, principalmente de sus padres y tenemos que actuar en consecuencia.


Seguro que muchos de vosotros sois padres, hijos, hermanos, tíos, abuelos y como tales representáis un papel muy importante no sólo en la elección de vuestro camino personal, sino como ejemplo a seguir para los pequeños que os rodean, que se encuentran en plena formación de su personalidad y reproducirán cada comportamiento que realicéis. Sois sus mayores ídolos, no los defraudéis. 


Hoy os vengo a enseñar un trocito de mi. Una parte importante de Only Da Costaa está entre estas paredes. Como ya sabéis Da Costa no soy sólo yo, lo forma mi otra mitad, por lo que aquí nacieron nuestras ilusiones, nuestros sueños, aquí se formó más del 50% de lo que somos en la actualidad.

No sé en qué momento dejamos de soñar. ¿Cuándo dejamos de ser niños para empezar a ser adultos? No lo se. Muchas veces me lo he preguntado, cuando ocurrió y por qué pasó. Fue la etapa más bonita de nuestras vidas. Nuestras Barbies, hablaban, nuestros bebés lloraban y comían, hacíamos la comida en fogones de goma y la servíamos en platos de plástico. Sabía tan bien. Aun puedo oír nuestra caja registradora cuando etiquetábamos las bolsas de tomates, pagar con los billetes del monopoli, vestir y desvestir a nuestros muñecos, peinarlos, echarlos a dormir, ponerles una película e incluso leerles un cuento.



Pasábamos más de 12 horas aquí, incluso nos quedábamos dormidas viendo a Babe el cerdito valiente o Un Cuento de Navidad. Supongo que por más veces que las vimos nunca nos cansábamos de su bonito final. Recortando, pegando, pintando, escribiendo... supongo que fue aquí donde nació lo de escribir. Crear nuestros propios personajes en nuestra mente y plasmarlos en papel, ya fuese en forma de dibujo o de palabra. Ellos vivían infinidad de aventuras, descubrían lugares misteriosos, hablaban con los animales, con los árboles y nunca existía un triste final.

Es inevitable que a día de hoy, cuando vuelvo a casa, acabe sentándome a leer en este lugar. Todo se ve diferente desde nuestro pequeño rincón. Respirar se hace mágico entre nuestras cuatro paredes. Todo tiene un color especial, la vida fuera de él se vuelve gris y amarga. A veces creo que todos esos personajes siguen vivos en algún lugar de mi corazón, haciéndome reír, volviendo a cantar.



No existían colores para niñas o para niños, tampoco distinción de juguetes para ambos sexos. Todos llevaban la palabra diversión grabada en su envoltorio, dispuestos a descubrirnos un mundo nuevo en su interior. Los niños eran bienvenidos a nuestro fabuloso rincón, los nenucos eran blancos de ojos azules, pero también mulatos, negritos o sudamericanos, tal como podían tener distintos tamaños y no nos importaba, porque no existían etiquetas. Existía la amistad, existía el amor. Y esto es precisamente lo que valoro de la infancia. Nuestra capacidad creativa se desarrolla hasta límites insospechados, siempre en un camino encauzado por nuestros padres hacia el progreso. Nos enseñaron que no hay niños ni hay niñas blancas, negros ni verdes, simplemente son amigos con los que jugar, con los que disfrutar compartiendo nuestro espacio y nuestra alegría. 



Nuestros primeros zapatos. Los rojos son de mi hermana.

Nadie es diferente, todos somos iguales, hombres, mujeres, no importa nuestra condición sexual ni nuestro aspecto físico, todos son personas que pueden aportar un montón de energía positiva a tu vida y eso, nosotros como padres, hijos, hermanos, tíos, abuelos, es lo que tenemos el deber de enseñar a nuestros pequeños para que en el futuro no sólo sean unos excelentes estudiantes, unos médicos excepcionales o unos abogados fuera de serie, sino para que el día de mañana puedan decirte: Papá, mamá, papás o mamás, gracias por hacerme una gran persona.


Y así, desde este pequeño rincón de mis sueños, me despido mientras le doy el último sorbo a mi taza de té y cierro mis ojos vidriosos, recordando cómo sonaba aquella canción que nos cantaba mamá antes de irnos a dormir, sin querer quitarnos nuestros zapatitos nuevos.

A mis padres, por ser quien soy ahora, por vuestro grandísimo amor hacia nosotras.
Feliz día del padre, papá.

¿Qué os ha parecido? ¿Teníais cuarto de juegos? Que seáis felices.

Raquel.