jueves, 5 de marzo de 2015

Inspiración. Edna Orús fotografías.

 
Soy una persona de manías. Lo admito, quizás la vida que he llevado hasta ahora me ha hecho ser celosa de mi misma, observadora y con un desmesurado sentido del perfeccionismo. En parte mi personalidad ha nacido con ciertos matices congénitos, no obstante considero que el 80% se nutre de lo que vivimos día tras día, del entorno en el que nos criamos e indudablemente, del contacto con el resto de seres humanos.

He aquí un tema que en cierta manera ronda mi trastocada cabeza. Las relaciones. Y no sólo las que tienen que ver con el ámbito de pareja, sino todas en general. La de ir a comprar el pan y saludar al panadero inclusive. 

Tarareaba por lo bajo una de tantas canciones de Estopa del repertorio de mi cabeza mientras caminaba por la calle y observaba la gente que estaba a mi al rededor. Es curioso, nadie sonríe. No se si es que soy demasiado dulce para esta ciudad o la ciudad es demasiado amarga para una pueblerina como yo. Así las cosas me propuse pensar qué ocurriría si a medida que avanzo, no pisando las líneas de las baldosas por supuesto, sonreía a las personas anónimas que se cruzaban en mi camino.

Las reacciones son de lo más variopintas. La mujer que iba tan atareada con la compra me devolvió una sonrisa de ternura, aquel hombre de traje que caminaba tan deprisa me dedicó una amable sonrisa, aquellas chicas jóvenes que pasaron a mi lado pusieron cara de sorpresa para finalmente enviarme una buena mirada y por último, el chico de los cascos estaba demasiado ensimismado en teclear en su móvil como para fijarse en que alguien de carne y hueso le había mirado.



¿Estamos perdiendo la relación con el resto de seres humanos? Siendo ésta una de las bases para conformar nuestra personalidad y nuestro futuro... ¿Nos estamos perdiendo a nosotros mismos como personas? Cada día pasamos más tiempo preocupados de la imagen que proyectamos a través de las redes sociales, por desgracia y muchas veces de manera inconsciente, caigo en este pecado. A veces me planteo cual es el fundamento de todo esto, qué razón hay para que cuando vayamos a comer la forma de bendecir la mesa sea tomando una fotografía del plato, cual es el motivo para que cada vez que nos cambiemos de ropa, vayamos a salir o nos compremos algo, de coste cuanto más elevado mejor, tengamos que mostrarlo a todo el mundo. Incluso ahora mismo pienso, ¿Por qué estoy escribiendo esto? 

Muchos pensarán que es egocentrismo, yo más bien me decanto por la soledad y el vacío interior que tenemos. Recuerdo cuando disfrutaba de fiestas en casa de mi familia, aquella sensación de probar una comida por primera vez, visitar lugares asombrosos, quedarme sin aliento muchas noches a base de carcajadas. Todo esto y mucho más está grabado en mi locura cerebral y lo que no recuerdo es que en esos momentos hubiese ningún teléfono móvil fotografiando o twiteando la escena. Supongo que a nadie le interesaba que yo estuviese disfrutando de un momento inolvidable, ciertamente al igual que ocurre ahora, con la salvedad de que con un aparato electrónico de por medio todo se vuelve más estático, más premeditado, menos espontaneo, más irreal. 



La vida ya no es lo que era. Estamos tan ocupados en contestar que pedimos la cuenta al camarero sin ni si quiera mirarle a la cara, tomamos esa fotografía sin hacerle una mueca agradable al niño que nos mira desde su carricoche, subimos las escaleras sin saber realmente dónde estamos pisando. No nos damos cuenta de que aquel camarero se merece nuestras gracias para sentirse aun más orgulloso de su trabajo, el pequeño mientras te observa buscando tu atención está aprendiendo de ti y desde luego nada bueno, tenemos que subir las escaleras a sabiendas de a dónde queremos llegar sin descuidar los escalones mal rematados que pueden entorpecer nuestro camino.

No se si estas cuestiones tan sólo son fruto de mi amarga locura, pero a veces creo que las personas anónimas que se cruzan en mi camino están demasiado absortas en su propio vacío como para que puedan llenar el mío. Ya nadie sonríe por la calle. Ya nadie se enamora de una sonrisa.

Fotografías realizadas y editadas por Edna Orús, ayudante de fotografía Dani Gato, caballo perteneciente a Esther Arribas. Enclave Yeguada Hispania

Más de sus increíbles trabajos en su 500px y en su perfil de Facebook como contacto. 
Una verdadera artista y mejor persona, adoro el encanto de sus fotos en blanco y negro.
¿Os han gustado las fotos? Nos vemos pronto.

Raquel.