jueves, 16 de abril de 2015

Green Dress.

 

No soy precisamente una persona que le guste escribir cosas inspiradoras. Podría intentarlo pero, sinceramente, me gusta más vivir en el mundo real, mirarlo tal y como es para así sacar mis propias conclusiones. 

Existen muchas diferencias entre los hombres y las mujeres, yo diría que no tenemos nada en común salvo que tenemos que aprender a convivir unos con otros, por el bien de la especie humana oye, que si no yo creo que levantaríamos un nuevo muro de Berlin entre ambos sexos.

Vosotros la fuerza, nosotras la inteligencia.
¿Enserio? ¿La inteligencia? No me canso más que de ver libros llamados de auto ayuda en todas las librerías, con un montón de ilustraciones maravillosas con colores brillantes; anuncios en los medios de comunicación con personas terroríficamente perfectas; un montón de artículos sobre "formas para ser feliz", "dejar de amargarse", "como alcanzar la felicidad"; innumerables críticas hacia lo malvados que son ellos y lo maravillosas que somos todas y cada una de nosotras. "Porque somos únicas!" ¿única? ¿para quién eres única, para tu mamá?

A lo que quiero llegar, detrás de toda esta parafernalia de felicidad inventada, casualmente siempre se encuentra una mujer. Parece que necesitemos escuchar cada mañana que somos lo mejor que existe en el mundo mundial para poder alcanzar esa subjetiva meta vital llamada felicidad. Me encuentro frente a libros que no hacen más que ¿ayudarme? a ser feliz y me gustan. Esto último es lo que más me preocupa. 

Creo que las mujeres nos estamos haciendo dependientes de una corriente de peligrosa positividad que nos intenta gravar en nuestro cerebro lo grandiosas que somos, lo mucho que nos tienen que adorar, prácticamente sólo me falta leer que procedemos del Olimpo.

¿De verdad necesitamos todas estas "lecciones" para poder ser felices? Fijémonos por un segundo en nuestros compañeros de especie, los hombres. Bien es cierto que cada vez más se empiezan a preocupar por su imagen, se cuidan y eso está muy bien, lo aplaudo. Lo que no he visto aun es que haya un libro (que lo habrá, estoy segura, porque en la Villa del Señor hay de todo) pintado en colores azules, con cochecitos o jugadores de fútbol en sus páginas diciéndoles a nuestros queridos cómo tienen que actuar para alcanzar la felicidad. Ni siquiera artículos escritos dirigidos a ellos y si los hay, que como digo, en la Villa del Señor hay de todo, es más que probable que ande una mujer detrás de ello. Y es que realmente no lo necesitan. Generalizando, ellos no se preguntan cada mañana ¿voy a ser feliz hoy? ¿cómo me verán los demás? ¿alcanzaré hoy los objetivos que me fije? No lo hacen porque ellos simplemente viven, no se preocupan por cosas subjetivas, piensan en ellos mismos por encima de todo ¿Os suenan las frasecitas de "sé tú misma", "piensa en ti misma", "lo primero eres tú"? No le dan importancia a este tipo de cuestiones, pajas mentales, porque realmente no la tienen. Nos pasamos toda la vida mirándonos al espejo y haciéndonos miles de preguntas tratando de resolver nuestros ¿problemas? y lo único que hacemos es agobiarnos por tonterías.


Las mujeres no sabemos vivir. Por A o por B siempre tenemos que estar dándole vueltas al coco, malgastando energía en cosas secundarias. Priorizamos temas existenciales a nuestro propio presente sin primero pararnos a pensar en todo lo que tenemos a nuestro alrededor. Nos agobiamos constantemente por nuestra apariencia física, nos gusta leer que somos todas "únicas y perfectas con nuestros defectos" para reconfortarnos interiormente, sin embargo llega el buen tiempo y aparecen las amarguras ante el momento de lucir palmito en la playa. Jugamos a decir que "todas somos preciosas tal y como somos" apoyándonos unas a otras en los foros o blogs sobre belleza, luego vemos a una chica con curvas y no dejamos de criticar. La que más pena me da es la delgada, esa va a ser siempre la "flipada", "¿Esa que va de guapa?". Pero si es igual que tú, está agobiada por todo, dice no ser feliz y que necesita volver al gimnasio cuanto antes.

Mi situación vital favorita es aquella en la que vemos cómo se comportan los hombres y las mujeres ante un desastre amoroso. Seguro que muchas tenéis, habéis tenido o mejor aun, os habéis visto involucradas en la tradicional situación de "dos amigas, un sólo hombre". ¿Recordáis como acaban todas estas historias? Os lo resumo fácilmente con la amiga A y la amiga B: A y B son amigas íntimas desde hace un montón de tiempo, se cuentan absolutamente todo. Aparece un hombre, a las dos les gusta. Peligro. Se produce la tradicional pelea de gatitas, aquella en la que se dedican a ponerse verdes a la espalda (el enfrentamiento típico entre mujeres, no sé como no es deporte Olímpico), A se queda con el chaval, o B o mejor aun, el chaval se da cuenta de que ninguna merece la pena y se va sólo. ¿Final? A y B enemigas íntimas. La facilidad de hacer amigas que tenemos las mujeres, oye.

Ahora bien ¿Qué pasa si la historia es "dos amigos, una sola mujer"? Nada. Nunca verás a dos hombres pelearse por una chica y mucho menos por una que acaban de ver sin conocerla de nada. Ellos son amigos ante todo, son seguros de sí mismos, saben que hay muchos peces en el mar.

¿Todavía seguís creyendo que somos nosotras las inteligentes?

La respuesta a por qué nosotras estamos más acomplejadas preocupadas por encontrar la felicidad está en la educación. A los hombres de pequeños nadie les dice que tienen que ser unos caballeros cuyo objetivo vital último sea salvar a su princesa encerrada en el castillo, ni que su final feliz sea comer perdices. Simplemente son niños, juegan, se divierten, nadie les compara odiosamente con el resto ("Fulanita es la más guapa") en cambio nosotras tenemos que ser señoritas, altas, delgadas, guapas, con un buen novio, dinero, trabajo, casa con jardín, perro y un largo etc. Si empezamos a educar a nuestros hijos como iguales quizás en el futuro no seamos dependientes de libros, ilustraciones, ni siquiera de "la felicidad" porque sencillamente se trata de algo tan abstracto e intangible que nunca la conoceremos hasta que no sepamos valorar lo que tenemos a nuestro alrededor.


AVISO IMPORTANTE: Este post es una crítica sarcástica que lo único que pretende es que dejemos de preocuparnos por alcanzar la felicidad y que vivamos sin dependencias de nada ni de nadie. No se busca ofender, sólo se generaliza satíricamente, mucho menos quiere decir que yo lleve a cabo los comportamientos anteriormente enunciados.

Vestido/Dress: Bershka P/V 2014
Sandalias/Sandals: Light In The Box.
Reloj/Watch: Daniel Wellington 15% descuento con onlydacostaa

Fotógrafo: Ivory Ce's para contacto y ver más de sus increíbles trabajos AQUÍ.

¿Qué opináis de esta nueva moda de alcanzar la felicidad? ¿Os gusta el outfit? Feliz semana.

Raquel.